martes, 24 de junio de 2008

El autobús de Cd. Obregón a Guadalajara


Me subí en un autobús Tufesa porque la otra vez el Elite se descompuso y me cayó gordo porque estuve una hora en la lluvia mojándome esperando que pasara otro autobús en medio de la carretera. Primero nos pusieron una película que no supe el nombre pero trataba de un viejito chocho y su hijo adulto que descubren cosas en común y son felices para siempre. El viejo me cayó mal. Luego pasaron la película de El Crimen Perfecto con Antony Hopkins, está interesante se las recomiendo a los que les gusten las películas de juicios y crimen. Después pasaron la de los Wild Hogs, y luego la de Jump In que la han pasado como mil veces en Disney Channel y no quise verla.
Había poca gente en el camión y apestaba a drenaje; en Guasave se subió una doña y se sentó en mi lugar, habiendo tantos lugares vacíos pensé pero como que me leyó el pensamiento y se fue a echarse a otros dos asientos vacíos. Ah pero en los Mochis se sube un buen de gente y la doña se devolvió. De las veinte gentes que iban en el camión, solo una persona roncaba. No, no era un hombre. Era la doña junto a mí que en un tope brincó el camión y se le abrió la boca cuando estaba dormida. Así estuvo toda la noche hasta que se bajó en Tepic y jamás la volví a ver.

Cuando yo me bajé del autobús estaba todo entumido y me quería lavar la cara y los dientes. Un taxista me ofreció transporte pero le dije que no. Error no. 1. Entré al baño pero no había agua en el lavabo y dije ni modo, me aguanto. Salí y no había taxis. Busqué y llegó uno y fui hacia allá. Error no. 2. El conductor era un don que por cierto se parecía al de la película. En primer lugar ni sabía dónde quedaba a donde yo iba. En segunda, le dije que se fuera por Guadalupe y agarró Mariano Otero, el colmo fue cuando llegamos al rumbo y que teníamos que buscar la Calle “Agustín Melgar.”Como todos los buenos mexicanos en nuestro sano juicio sabemos Agustín Melgar es un niño héroe, bueno era, sobre todo si la calle sobre la que vas se llama “Castillo de Chapultepec” como que te ambientas, no sé si me entiendan.
Cuando le dije cómo se llamaba la calle me dijo, en ese tono que usan los viejos cuando o se hacen sordos o se hacen mensos: “¿Agustin Megara? Así gritándome en el oído como si el sordo fuera yo. A-G-U-S-T-I-N M-E-L-G-A-R le contesté igual. A los dos minutos me preguntó ¿Agustín Belga? el muy tarado. Tuve que llamarle a mi tío para que me dijera como llegar y apenas así, no les miento me volvió a preguntar por tercera vez que si como se llamaba el pobre niño, viejos como esos ni deberían de llamarse mexicanos. Para acabar, nos pusimos a pelear porque según él quería que le pagara 180 pesos. Si hasta le dije no porque seas un pendejo y no te sepas las calles te voy a pagar más y se enmuló pero pues ya de pura lástima le di 60 pesos y lo mandé con diosito. Así estuvo, por fin llegué a Guadalajara.

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